miércoles, 20 de abril de 2011

7.- Una grafía muy bio: Bugs Bunny vs. Snoopy.

¡Puras vergüenzas! ¿Habrá alguna especie de disfrute oculto? ¿Por qué lo hacen? ¿Qué ganan? Es un misterio aun no resuelto.

Una de mis hipótesis es la sed de protagonismo a costa de los hijos, no se me ocurre otra razón. Mira que contarle a propios y extraños sobre la vez que me acabé yo sola una bolsa (de esas del “mandado”) llena de zanahorias?? No es que estuviera hambrienta, simple y sencillamente que se me hizo fácil sentarme a lado de la citada bolsa y comenzar a imitar al bugs bunny aquel, el de los cuentos…. ¡Sí, ese! El de dientes prominentes y orejas largas.

                                                   

Ojala todo hubiera quedado ahí ¡Pero no! ¡Fuimos a parar derechito al hospital! Era de madrugada y el frío estaba tremendo.

                                 

Por la prominente panza que se me formó (por el consumo desmedido de la citada raíz vegetal), creo que al estar acostada en la camilla del área de urgencias, me he de haber visto como Snoopy boca arriba sobre el techo de su casita (era una imagen típica de postal del 14 de febrero).

                                                             

¡No se rían! Fue algo serio.

Si se dice que las evidencias empíricas son las que van conformando el conocimiento y las que finalmente apoyan o refutan una teoría, ¿Por qué insisten los científicos en afirmar que la ingesta de zanahoria es buena para la vista?, de ser así, yo hubiera tenido vista de rayos “x” ¿No? (Al menos en esa época).

                                  

A partir de tan lamentable suceso, las cosas esas anaranjadas y alargadas fueron eliminadas de la dieta, aunque….. ya entiendo… suena lógico… ya caigo…. como las dejé de consumir por muchos años… ahora veo por qué ya casi no veo.

                          

Bien, pues es hora de ir a dar una vuelta. El presente nos espera. Aprovechen su tiempo mientras nos volvemos a interconectar. Besitos.

sábado, 16 de abril de 2011

6.- Una grafía muy bio: Visitantes al hogar.

Perdón que anoche me haya ido sin decir adiós. Lo bueno es que ustedes ni cuenta se dieron (me sentí carterista de metro Taxqueña). Espero estén bien y más que listos para seguir leyendo.

Era una plácida tarde de sábado, cuando repentinamente suena el interphone, corro, coloco la silla, me trepo, descuelgo y contesto.

                                                      

Sinceramente a mi memoria no viene lo que dije, pero supongo que fue un: “Suban, ahorita les abro”…… ¡No! ¡Pues tampoco recuerdo quiénes eran! Si ya les dije que no recuerdo lo que dije, menos que recuerde a quiénes se los dije (hasta rimó).

El caso es que mis padres (nótese la propiedad con la que me refiero a ellos) sabrá Dios por dónde andaban. El asunto fue que cuando hicieron acto de presencia (mis progenitores), la sala ya estaba invadida por los visitantes.

                                                    

Según dice mi señora madre (quien es la que tiene a bien el recordarme cada vez que puede, delante de quien sea, sobre este bochornoso suceso) que oyó cuando abrí la puerta y que a la distancia escuchó lo siguiente:

“Hola, buenas tardes, pasen por favor, siéntense, en un momento vienen mis papás ¿gustan algo de tomar: agua, café, una cervecita?”

¡Santa madre de Dios sacramentada! ¡Hasta cervecita les ofrecí!

                                                           

Lo bueno es que en aquella época no era tan común escuchar cuestiones relacionadas con la inseguridad. No es que no hubiera existido, lo que sucede (y esa en mi teoría):

1.- A mi corta edad no le ponía atención a esos temas (recuerden que yo andaba más preocupada por salvar al mundo junto a Batman). 

2.- No había difusión extrema de todos esos mensajes en tiempo real. 

¿Habrán pensado y sentido lo mismo mis padres? Una interrogante más al aire.

                                                          
                                              

viernes, 8 de abril de 2011

5.- Una grafía muy bio: Mismo día, pero más tarde...

Mi yo bonachón me trae hasta acá, no se podrán quejar… no pude descansar sabiendo que estarían deseosos de seguir leyendo sobre esta vida tan llena de sabor y de luz (ustedes digan que sí).

Regresando a la década de los 70’s. Cuando mi hermano Beto era un bebé yo le cantaba, lo arrullaba, le mecía la cuna y lo agarraba de caballito (esa vez me regañaron) ¿Será porque el pobre niño estaba llore y llore? Hasta morado se estaba poniendo según cuentan las malas lenguas (no aguantan nada).

                                          

Imaginen una plácida mañana de azotea: Sol brillante, lavaderos, agua, jícaras, cubetas, pinzas de madera, mecates, tendederos de jaulita y niño en andadera.

                  

Desde chilpayate el Beto siempre fue medio cafre. Ante la mala fama previamente contraída de ser una amenaza rodante (hablo de Beto), nunca nadie supo que el accidente en donde literalmente besó la tierra, más bien el cemento (dicho sea de paso, los labios le quedaron como si se hubiera inyectado silicona en tonos jupiterianos) fue debido a que se me pasó “un poco” la mano al impulsarlo; lo bueno es que el área tenía barda, sino capaz que se me va de largo (recuerden que vivía en un octavo piso).

                                 


Leyendo los dos últimos párrafos pareciera ser que me quería deshacer del usurp… ¡Digo, de Betín! ¡Pero no! ¡Créanme! Hasta eso se le quiere bien al condenadote!

Ahora sí, hasta mañana (tampoco es feria).

Cruz del Sur y zonas aledañas.

No recuerdo haberles dicho que mis primeros años en esta existencia (luego les contaré de mis vidas pasadas) los  viví en Cruz del Sur.

Para los que ni idea tienen de en dónde flautas queda, básteles saber que es en el Distrito Federal y que frente al ya antes mencionado edificio (de ocho pisos) se encontraba un gran camellón. Al otro lado había un dentista y cerca la panadería (a tan solo unos pasos de las conchas, las orejas, los panquecitos, los cuernos, las banderillas…. ¡El taladro del sacamuelas!).

           

     

Diciembre… instante mágico, etéreo, olor a pino que aun hoy inunda mis más memorables recuerdos de la infancia. Los zapatos con las respectivas cartitas aguardaban con ferviente paciencia cobijados bajo el árbol. La oscuridad de la noche hacía que las luces majestuosas y brillantes emergieran con fuerza…

¡Santa Claus estaba por llegar!

La espera se hacía eterna, el sueño nos invadía, difícilmente podíamos mantener los ojos abiertos. “Hay que irse a dormir, sino Santa no va a llegar” decían nuestros padres. Obedecíamos… Al poco rato la curiosidad era más fuerte que el sueño invasor “¿Ya habrá llegado?”


Después de varias inspecciones a lo largo de la noche (me sentía como prefecto de secundaria pública), regresaba a mis aposentos decepcionada… ¡De Santa ni sus luces! (solo las del árbol navideño).

 

¿Quién se iba a imaginar que ese sentimiento de desencanto sería apenas el eslabón inicial de una retahíla de decepciones?

Sé que suena medio denso, pero no se me sulfuren, la vida no siempre es hermosa ¿Qué nadie se los ha dicho?

Finalmente Santa llegaba y colocaba los regalos bajo el árbol.

 

viernes, 1 de abril de 2011

4.- Una grafía muy bio: ¿Siguen ahí?

Anoche terminé de leer El Principito, “Lo esencial es invisible a los ojos”…. Una delicia… pero bueno, sé que prefieren que vayamos al grano y les cuente lo del temblor.

                                                           

Pues sí estimados amigos y amigas, niños y niñas, jóvenes y “jóvenas” (se me olvidaba que el concepto “joven” no se inclina hacia ningún lado, es asexual y si se le piensa bien debiera ser atemporal, pero dejémoslo así para que no se rompa la secuencia).

Era 1971 y les decía que me tocó estar en un octavo piso justo en el instante de los movimientos telúricos. ¡Qué emoción! ¡Estar parada en la cama y sentir el movimiento oscilatorio sin necesidad de hacer esfuerzo! ¡Ver cómo los edificios de enfrente se mecían de un lado hacia el otro!

                                      

Tenía 5 años y yo no comprendía por qué los mayores tenían cara de personaje de museo de cera, como los del Madame Tussaud of London…

        

¡Así merito! Pude haber dicho el Museo de Cera de la Ciudad de México, ese, el que está cerca de Paseo de La Reforma, pero es para darle un toque chic a esta humilde descripción.

                 

Las mariposas son hermosas, más si son de colores, y mucho más si las tienes en tu casa, pero no son naturaleza muerta... Veo en sus rostros una especie de intriga, eso me agrada… Lo que sucede es que mi señor padre tenía como uno de sus pasatiempos favoritos el diseño de colgantes con mariposas de papel o latón; se veían muy lindas cuando el viento las accionaba (no sé si ya les dije que vivía en un octavo piso). Yo le pasaba la pintura…

                          

Leer en voz alta:

                          

“Sa-u-za….Sa-u-za…Sa-u-za…Sau-za…Sau-za…Sauza…Sauza… Sauza” Imaginen esta escena: La hija sentada en la parte trasera del auto, los padres en la parte delantera; 30 minutos… el auto no avanza ni un solo centímetro y la muchachita intentando leer el panorámico que está justo frente a ella.

No es de aplaudir, en lo absoluto, el hecho de que la primera palabra leída por una niña de cinco años esté relacionada con una bebida alcohólica embriagante, pero seamos realistas pudo haber sido algo peor...

Como que el cerebro requiere de descanso, así que me despido.


Día 20 de enero…

Pues este día ha estado… ¿Cómo decirlo? Interesante… con muchos mensajes en el entorno. Por la mañana en la tele: “Vea a los animales y aprenda de ellos”…

          

¡Sí! Hice una cara como la que acaban de hacer ustedes.

Salí de la Posada Regina a eso de las 7:00 de la mañana e inicié una caminata por la Ciudad de Xalapa; hay que aprovechar lo “frejko” (dijeran los jarochos).

                                 


Llevaba como 10 minutos de iniciada la actividad física cuando de pronto un perro (bonitillo hasta eso el condenado) se me emparejó.

Avanzamos una cuadra (de esa cuadras grandes), luego otra, después otra y éste se ve que iba contento (claro, no era para menos, iba conmigo). Fue como una especie de anfitrión.

                                         

Durante más de una hora caminó junto a mí muy quitadote de la pena. Cuando decidí sentarme un rato, se detuvo por unos instantes, me vio y con la misma se fue; el muy traidor se fue siguiendo a un muchacho que iba en sentido contrario de por donde veníamos. 

                                        

La enseñanza...  ¿Filosofía canina?

“¿Camina a lado de quien quieras y si te aburre, cambia de acompañante?” o “¿Camina por donde quieras finalmente nunca estarás solo?” ¿Habrá algún otro mensaje alterno?

Mientras lo piensan, yo seguiré intentando descifrar la razón de esta bifurcación de senderos.

                                       

Una grafía muy bio inicia en marzo 25.

Ileaniukz

Mi foto
UNA GRAFÍA MUY BIO: Intento por rescatar los momentos e instantes vividos. Memoria ¡No me falles! Tiempo ¡Dame chance!

Estimados lectores